Hay que hacer milpa para el buen vivir: Armando Bartra, en “Avances humanísticos y científicos mexicanos” de Conahcyt

  • El experto en ruralidad presentó la conferencia magistral “Las ciencias sociales y el desarrollo rural”, desde la visión del campesinado
  • Presenta recorrido histórico sobre las luchas sociales en más de un siglo, las cuales confirman que la modernidad, también en México, marcha sobre revoluciones triunfantes
  • Sobre la milpa dijo: es más que un policultivo que se siembra; la milpa se hace, es un modo de vida, es vivir de buena manera y en ella se aprende el buen vivir

Autor
Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías

Fecha de publicación
18 de julio de 2024

Categoría
Comunicado 550

A través de programas respetuosos de la racionalidad campesina y la recuperación del espíritu de la milpa para el buen vivir, el posneoliberalismo o la Cuarta Transformación en México avanzan en “enderezar el agro, restaurar la economía familiar y, en gran medida, en frenar la deserción de los jóvenes rurales”, planteó el profesor-investigador del Departamento de Relaciones Sociales de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM-X), Armando Bartra Vergés, durante la conferencia magistral “Las ciencias sociales y el desarrollo rural”.

En el marco del ciclo de conferencias “Avances humanísticos y científicos mexicanos” organizado por el Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías (Conahcyt), el reconocido experto en ciencias sociales con énfasis en los procesos del campo y el campesinado en México y Latinoamérica abordó la ruralidad desde la perspectiva de los campesinos y de las ciencias sociales que lo abordan como sujeto y protagonista del cambio.

A manera de introducción, la directora general del Conahcyt, María Elena Álvarez-Buylla Roces, apuntó que la conferencia magistral “va mucho más allá del título, pues la trayectoria y práctica política del doctor Bartra le ha permitido hilvanar con mucha profundidad ese conocimiento que, además, comparte de manera poética”.

Se refirió al expositor como “un referente para diversas generaciones por razones académicas y científicas de todo lo que tiene que ver con la indagación del desarrollo rural, de la vida campesina y del hacer milpa. Es guía en congruencia y quehacer humanístico, científico, tecnológico y de innovación (HCTI) para todas y todos los académicos”.

Con visión multidisciplinaria, interdisciplinaria y transdisciplinaria, Armando Bartra Vergés hizo un recorrido histórico por el activismo indígena, rural y campesino que se vivió en México y otras partes del mundo en defensa de la tierra; producción, autonomía, cambio de modelo y territorios amenazados.

Recordó que la primera revolución social del siglo XX fue la mexicana y fue campesina, seguida de la rusa y china, a las cuales se suman los movimientos de liberación de la India y el independentismo africano, que también fueron insurgencias del campesinado, que llevan más de un siglo de forma continua. Estas cinco oleadas, que fueron seguidas por el alzamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) el siglo pasado, confirman la sociología histórica de Barrington Moore: La modernidad marcha sobre revoluciones triunfantes, también en México.

“Son cinco oleadas sociales y grandes avenidas de lucha campesina. Que nadie se engañe o se confunda: los campesinos no se han ido y no se irán; es en la acción colectiva que las clases sociales se hacen clases, y fue a través de estas insurgencias y de las anteriores, que los campesinos mexicanos se han ido conformando como un sujeto histórico de gran calado que, pese a la diversidad —que es su divisa— comparte agravios, reivindicaciones, formas de lucha, sueños, pesadillas y héroes radicales.”

Es en este modo de vida donde se intercalan los nexos sociales con las relaciones productivas. Explicó que la economía campesina no está ceñida al modelo capitalista, sino que se trata de una economía moral. Mientras en el modelo capitalista se trabaja para el mercado, “los campesinos, las mujeres y hombres de la tierra, viven en un mundo de cosas y de acciones, unas veces provechosas y placenteras; otras perjudiciales y desagradables”.

Añadió que, a diferencia de un modelo de intercambio automatizado circunscrito al capitalismo, el campesinado “vive en un mundo de cosas y acciones, un mundo de valores de uso. Alguno de estos bienes y servicios también tienen para ellos un precio, pero también son valores de cambio”.

“El sujeto en la economía campesina es un colectivo, es la familia nuclear o extensa, la comunidad o algunas cooperativas que disponen de bienes comunes que emprenden tareas conjuntas, que no encuentran la separación tajante entre lo productivo y lo reproductivo, propia de la economía capitalista.”

Explicó que las entidades campesinas —más que las económicas— son entidades donde lo social es inseparable de lo económico; son unidades socioeconómicas donde se articula esfuerzo laboral, consumo productivo y consumo final que parten de las necesidades y aspiraciones culturalmente definidas de cada una de las familias.

Por otro lado, expuso la diferencia entre la actividad económica empresarial y campesina, subrayando que “los campesinos no son monocordes, sino pluriactivos. La milpa campesina, ampliada en sus múltiples modalidades, distribuye a lo largo del año los requerimientos de trabajo y los ingresos en especie y en dinero”.

“La familia campesina, pero también la comunidad y las asociaciones, atienden a la viabilidad intrínseca de cada una de estas actividades. Pero en las decisiones importantes son siempre holistas y consideran la coherencia del conjunto, la sostenibilidad del ecosistema socioeconómico familiar, comunitario o asociativo.”

El investigador de la UAM-X explicó que los campesinos están en permanente cambio derivado de múltiples factores que obligan a la “descampesinización del sector, como la inequidad económica, la depredación extractivista y el despojo de tierras, aguas y otros recursos necesarios para la reproducción de la vida rústica.

“Históricamente, los campesinos han sido desposeídos por diferentes clases dominantes y desde hace algunas centurias, lo son desde el capital. Sin embargo, desde fines del siglo XX, los despojos se han intensificado porque en el planeta los recursos naturales se vuelven cada vez más escasos con relación a la demanda y, por lo tanto, más valiosos.”

Sobre la relación del campesinado con su entorno natural, mencionó que, a diferencia de los cultivos especializados sembrados en Europa, “en Mesoamérica se desarrollaron cultivos biodiversos que se manejan como jardines; aquí hacíamos milpa y muchos campesinos la siguen haciendo”.

Relató que la agroecología, desde la cosmovisión del cuidado, tiene rostro de mujer. “He llamado a las prácticas productivas de la familia campesina milpa ampliada, porque va más allá de la parcela biodiversa. Milpa que se prolonga en la cocina y en los demás espacios de la mujer, porque el hogar, sus saberes y sus haceres son la otra mitad de la milpa y la mitad más importante”.

Bajo ese enfoque, para Bartra el campo es femenino, “porque en el campo, el trato de las personas con la naturaleza es inmediato, directo, íntimo y por ello resulta evidente la necesidad de preservarla y de cuidarla para el presente y para el porvenir”.

“Los hombros del campo se apropian del entorno; las mujeres también hacen eso, también se apropian del entorno, también lo transforman, pero lo hacen con cuidado, y esa es la diferencia. Por eso, lo que llamamos agroecología tiene rostro de mujer.”

En torno a la discusión sobre la milpa profunda, agregó que la milpa es más que policultivo que se siembre; “la milpa se hace, es un modo de vida”. Asimismo, manifestó que “hacer milpa es escuela, es vivir de buena manera y en la milpa se aprende el buen vivir”.

Con este ciclo, el Conahcyt impulsa el acceso al conocimiento y el diálogo entre las diferentes comunidades de las ramas de ciencias sociales y humanísticas, así como estudiantiles, a la vez que se constituye como un espacio para dar cuenta de los avances que, potencialmente, explican o explicarán aquello que genera interés en la población.

Armando Bartra Vergés

Es licenciado en Filosofía por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), institución donde también ha impartido docencia. Cuenta con doctorados honoris causa por la Universidad Autónoma de Guerrero, la Universidad Autónoma de Chapingo y la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina).

Fue director del Instituto de Estudios para el Desarrollo Rural Maya de 1983 a 2007. Desde 2008 se desempeña como profesor-investigador en la UAM-X y es integrante del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores (SNII) nivel III.

Es consejero académico de la Comisión Ejecutiva del Consejo Nacional para la Evaluación de la Política Social (Coneval) e integrante propietario de la Junta de Gobierno del Conahcyt, por parte de la comunidad académica.

Es autor de cerca de 300 artículos de análisis y de 30 libros, entre los que destacan obras como: El México bárbaro, Guerrero bronco, El capital en su laberinto, El hombre de hierro, Tomarse la libertad, Tiempo de mitos y carnaval, La experiencia desnuda, Goethe y el despojo, Exceso de muerte, y Suku’un Felipe. Felipe Carrillo Puerto y la revolución maya de Yucatán.

La conferencia “Las ciencias sociales y el desarrollo rural” puede consultarse en el siguiente enlace: https://bit.ly/45ITrrX. El calendario del ciclo de conferencias “Avances humanísticos y científicos mexicanos” y otros eventos de divulgación científica se anuncian de forma continua en el portal conahcyt.mx.

Coordinación de Comunicación y Cooperación Internacional
comunicacion@conahcyt.mx
conahcyt.mx