Reseña película: Rebecca Harrell y Josh Tickell, Kiss the Ground

CONSUELO BONFIL
Doctora en Ecología. Profesora e investigadora del Departamento de Ecología y Recursos Naturales, Facultad de Ciencias, Universidad Nacional Autónoma de México.

Kiss the Ground | documental
Rebecca Harrell Tickell y Josh Tickell | directores
2020 | año
Estados Unidos | país
84 minutos | duración

El documental Besa el suelo (Kiss the ground), lanzado en septiembre de 2020 a través de Netflix, desarrolla varios argumentos sobre la necesidad de restaurar los suelos y explica de forma amena los beneficios que esto conlleva. A pesar de su reciente estreno, ya ha sido galardonado en los London Independent Film Awards, en el Festival Internacional Golden Gate y con el Premio de la Cinematografía Canadiense, entre otros.

Besa el suelo es un documental interesante que introduce la idea de cuidar y regenerar los suelos a un público relativamente amplio, a pesar de que éste no es uno de los temas más populares en la agenda ambientalista actual. Parte de la apuesta del filme es atraer al público mediante la participación de figuras reconocidas, como la modelo Gisele Bündchen, el futbolista Tom Brady y el músico Jason Mraz, quien contribuyó con la banda sonora. Esta producción recurre a un tono emotivo para argumentar sobre la necesidad de actuar para enfrentar los problemas ambientales planetarios, lo cual pudo haber resultado atractivo si no fuera porque se empleó, una vez más, ese conocido toque «almibarado» hollywoodense.

El filme comienza por mostrar los problemas que enfrenta el planeta debido a fenómenos como el cambio climático y la extinción masiva de especies, y señala la necesidad de enfrentar dicha situación por vías que nos permitan superar el miedo y la parálisis. A partir de este objetivo, elabora una argumentación convincente, aunque poco profunda, sobre cómo, si se regenera el suelo, será posible producir alimentos sanos y almacenar una gran cantidad de carbono atmosférico en él, lo que a su vez permitiría estabilizar el clima de la Tierra. La fórmula principal para lograrlo es la agricultura regenerativa, que se ocupa de mejorar y revitalizar la salud del suelo con base en cuatro principios: 1) minimizar la perturbación mecánica de los suelos (labranza cero), 2) diversificar los cultivos (generalmente con un enfoque agroecológico o agroforestal), 3) usar abonos verdes o cultivos de cobertura (para mantener una cubierta vegetal con raíces vivas), y 4) usar composta o integrar la ganadería de libre pastoreo.

La labranza cero tiene la ventaja, al igual que los cultivos de cobertura, de evitar que el suelo quede desnudo, lo que disminuye la erosión y permite incorporar materia orgánica. Esto favorece la captación de agua y el desarrollo de la biota del suelo, misma que captura carbono, transforma la materia orgánica y libera los nutrientes que las plantas necesitan.

El filme recoge las tesis del libro Drawdown, de Paul Hawken, quien afirma que es posible revertir el calentamiento global si favorecemos que los microorganismos del suelo y las plantas capturen y almacenen carbono atmosférico. También recupera la iniciativa lanzada en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2015 (COP21) de París por el ministro de agricultura francés, Stéphane Le Foll, la cual busca un compromiso internacional para aumentar el contenido de carbono de los suelos en 0.4 % anual (capacidad que se lograría si todos los países actuaran juntos). Aunque se afirma en el filme que esto permitiría reducir la huella de carbono atmosférico y disminuir el calentamiento del planeta en un plazo de 30 años, se echa de menos la presentación de cifras claras sobre la cantidad de CO2 atmosférico que se puede fijar en el suelo en relación con la magnitud de las emisiones y las concentraciones atmosféricas actuales, así como una estimación del esfuerzo internacional que esto requeriría.

La propuesta parece muy optimista, ya que, de acuerdo con la Organización Meteorológica Mundial, «sólo cuando las emisiones netas de CO2 provenientes de los combustibles fósiles se acerquen a cero, los ecosistemas y los océanos comenzarán a reducir los niveles atmosféricos e, incluso entonces, la mayor parte del CO2 se mantendrá ahí por varios siglos, generando calentamiento global». Sin embargo, en el documental el tema de la reducción de emisiones se toca sólo superficialmente, como si no fuera una pieza clave para el éxito.

Por otra parte, un acierto del filme es hacer notar el círculo vicioso de la agricultura industrial: el gran incremento que se produjo en el uso de fertilizantes sintéticos y pesticidas tóxicos a partir de la década de 1970, que ha causado la degradación de los suelos y que se ha intentado solucionar usando cada vez más agroquímicos. Los daños causados a los ecosistemas (en especial a la biota del suelo) y la contaminación de las aguas, así como el impacto negativo en la salud humana, son evidentes. Destaca el caso del glifosato que, a pesar de ser cancerígeno, se rocía masivamente en los cultivos genéticamente modificados, como los de maíz, soya y algodón, lo que contamina los ecosistemas.

En el documental se presenta una especie de apología de la ganadería de libre pastoreo. Para mostrar los beneficios de rotar frecuentemente el ganado y evitar el sobrepastoreo, como se propone, se usan como ejemplos dos ranchos manejados por prósperos ganaderos ambientalistas norteamericanos, tecnificados, y con varias miles de hectáreas cada uno, lo que deja pensando a esta espectadora del tercer mundo: ¿de verdad creen que eso es escalable a todas las regiones semiáridas del planeta?

Aunque los planteamientos de la cinta son soluciones basadas en la naturaleza, ahora tan de moda, finalmente su propuesta se reduce a presentar un conjunto de ecotecnias razonables, y relativamente bien sustentadas, que permiten evadir un cuestionamiento más profundo del modelo económico y de consumo que, en primera instancia, nos llevó a este caos. Si este modelo no cambia radicalmente, ni la agricultura regenerativa, ni los autos eléctricos, ni los paneles solares o la energía eólica serán suficientes para devolverle la salud al planeta, a los seres humanos y al resto de los seres vivos, que también tienen derecho a existir y a los que necesitamos.