¿QUÉ SON LOS PRONACES?

RAÚL GARCÍA BARRIOS
Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias, UNAM.

México está en una encrucijada histórica. Necesita transformar sus modelos de investigación académica y convocar a todos los sectores involucrados a participar en un cambio fructífero. Esta transformación debe atraer e incluir a las instituciones de educación superior, públicas y privadas, a los centros de investigación e instituciones del sector público de los ámbitos federal, estatal o municipal, y a las organizaciones de la sociedad civil, las empresas y las comunidades locales y regionales dispuestas a conducir o apoyar con responsabilidad las actividades de investigación humanística, social, científica o de desarrollo tecnológico necesarios para contribuir a esos cambios.

Los Programas Nacionales Estratégicos (Pronaces) son la iniciativa prioritaria del Conacyt que responde a esta necesidad. Fueron concebidos como un medio para organizar los esfuerzos de investigación en torno a problemas nacionales concretos que, por su importancia estratégica y gravedad, requieren de una atención decidida y una solución integral, profunda y amplia. Su objetivo es investigar las causas de esos problemas y servir de andamiaje para producir esas soluciones.

Las prioridades estratégicas ya han sido identificadas en múltiples estudios y foros, y están claramente establecidas en los grandes lineamientos de la 4a Transformación; además, coinciden con los Objetivos de Desarrollo Sostenible planteados por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en su agenda 2030. Incluyen devolver a la nación la soberanía en materias de seguridad, alimentación, salud, educación, protección de la vida, el ambiente y los ecosistemas, acceso al agua en calidad y cantidad, restauración de una vida rural digna y productiva, protección a los migrantes, preservación de la vida democrática en una sociedad compleja, entre otras. Para muchas personas, atender en México estas prioridades se antoja muy difícil o incluso imposible, pero estamos convencidos que, en especial en nuestro país, es cierto lo que señala la filósofa Anna Stetsenko: “Lo que parece imposible es de hecho más razonable, e incluso más realista, que lo que sólo mantiene las estructuras congeladas y estables de un status quo presumiblemente inalterable e inmutable”.

Los Pronaces son los andamiajes que ofrece el Conacyt a los miembros de las comunidades académicas y tecnológicas dispuestos a lograr, en estrecha colaboración con el pueblo de México, estos “imposibles”. Les permitirán tener acceso a más recursos, más tiempo y mayor capacidad, en general, para atender con eficiencia y eficacia los grandes retos nacionales en beneficio de la población y del ambiente, —recordando siempre que, en el nuevo orden de cosas, primero son los pobres—.

Los Pronaces representan un cambio de paradigma en la manera de hacer investigación y desarrollo (I&D). ¿En qué consiste este cambio y por qué debe llevarse a cabo? Durante las últimas tres décadas la I&D se orientó a motivar la cooperación entre los cuatro componentes fundamentales de las sociedades modernas —el Estado, las comunidades sociales, los agentes ciudadanos y los mercados— para crear capacidades científicas y técnicas dedicadas a formar cadenas de valor e innovación empresarial y un medio institucional orientado a acrecentar la eficiencia y ganancias de la actividad empresarial. A nivel global y también en México, la I&D jugó un papel relevante para diseñar y construir sus nuevos sujetos sociales emergentes (el nuevo Estado neoliberal y los nuevos científicos-empresarios), sus nuevos instrumentos (las nuevas teorías económicas o administrativas basadas en la información y su asignación estratégica) y sus nuevos campos de interacción (la lex mercatoria internacional, armada en torno a la familia North Free Trade Agreement —NAFTA—, de tratados de libre comercio, y la cultura posmoderna). Estas construcciones giraron en torno a un atractor económico-político muy potente, articulado alrededor de diversas nociones de eficiencia económica, que prometió beneficios individuales para cada uno de los sujetos emergentes involucrados y fue legitimado mediante la ilusión del crecimiento económico global, el bienestar social para los más pobres y el desarrollo sustentable. Pero esta ilusión ahora está en problemas (algunos dirían en crisis) y el atractor ya no tiene la fuerza de motivación que tuvo, lo que pone en dificultades a la economía y a la vida social. Los beneficios, costos y riesgos derivados del modelo fueron distribuidos de manera muy desigual, incluso entre los sujetos que participaron con entusiasmo en el modelo, y se acumularon muchos problemas gravísimos derivados de la concentración de la riqueza económica y el poder político, entre ellos la profundización de las violencias estructurales que hoy asedian al país como consecuencia de la tétrada desigualdad-racismo-sexismo-violencia. Además, por razones éticas, amplios sectores de la comunidad de investigadores y académicos y de las organizaciones comunitarias no quisieron vincularse o, incluso, se resistieron a la cooperación para la acumulación de capital en su forma neoliberal o en cualquiera de sus formas; estos sectores debieron trabajar con muy pocos recursos, apoyo y reconocimiento, y por décadas  se desaprovechó, en gran medida, su capacidad para comprender y atender los problemas que se gestaron y agudizaron en el período.

Es el momento de un cambio radical, una transformación en manos de nuevos sujetos sociales que cuenten con nuevos instrumentos y operen en nuevos campos sociales. Por ello, el nuevo objetivo del Conacyt es impulsar una I&D –con fuertes contenidos humanísticos– que contribuya, poderosamente, a remover los obstáculos que impiden establecer un nuevo modelo de cooperación entre
los componentes de la sociedad, que esté debidamente enfocado en el bien común y la justicia socio-ambiental. Dicha cooperación deberá estar encabezada por las comunidades regionales bien organizadas, orientadas a procurar vidas saludables, productivas y plenas para personas y otros seres, y a desarrollar su capacidad para velar tanto por el bien común local como por el nacional y el de toda la humanidad. Entre ellas estarán la academia, las organizaciones proletarias y populares, los ejidos y las comunidades indígenas, etc., pero ahora convertidas en nuevos sujetos sociales transformadores. Entre sus capacidades deberá estar el poder construir una nueva alianza con el Estado, que ahora requiere reorientarse y capacitarse para operar como una “sociedad política de comunidades maduras y prósperas”, que remueva obstáculos y corrija distorsiones en el proceso de florecimiento y consolidación de los poderes de cada comunidad. Los agentes ciudadanos y las empresas serán instrumentales para esa alianza, pues alimentarán los poderes productivos y competitivos de las comunidades, pero también deben cambiar y orientarse cabalmente hacia el bien común y la justicia socio-ambiental. Lo harán cuando vean que así disminuirán sus riesgos y acrecentarán sus beneficios y ganancias individuales y propiciarán un nuevo medio institucional que garantice la seguridad pública, la paz social y la sustentabilidad ambiental. Es claro que es mucho, muchísimo, lo que los miembros de la comunidad académica debemos pensar, investigar, diseñar y experimentar para contribuir a concretar esta transformación. También es mucho lo que debemos cambiar en nosotros, tanto en lo individual, como en lo colectivo. No se trata de que ahora el gobierno dicte la agenda de investigación, sino de que la comunidad científica emprenda un ejercicio transformador en un momento coyuntural nacional, regional y quizá global, para dar los pasos necesarios que no pudimos dar bajo la agenda neoliberal.

Los Pronaces operarán a través de convocatorias para que grupos multiactor encabezados por académicos y académicas sometan a financiamiento propuestas de Proyectos Nacionales de Investigación e Incidencia (Pronaii). Estos serán proyectos de largo alcance (hasta 5 años), y sus primeras convocatorias están a punto de abrirse. Participar en un Pronaii será aventurarse en una gesta extraordinaria, y la podrán emprender sólo aquellos exploradores científicos, tecnológicos y humanísticos que, debidamente organizados y equipados con los medios e instrumentos adecuados, estén dispuestos a perseguir metas ambiciosas de alto impacto social. En el camino, estos exploradores enfrentarán muchos obstáculos, algunos cuya resolución conlleva elevados niveles de incertidumbre y complejidad. Entre sus tareas estará detectar y caracterizar esos obstáculos que distorsionan, desvían o detienen los procesos que permiten atender y resolver, desde comunidades humanas bien organizadas, los problemas de escala e impacto nacional con efectividad, justicia y responsabilidad. También deberán trabajar en colaboración directa, corresponsable y transformadora con todo tipo de actores sociales, para construir un flujo de transformación social que permita remontar o remover dichos obstáculos y dar viabilidad a nuevas estructuras, relaciones y funciones más adecuadas y justas.

Seguramente, estos equipos descubrirán que los obstáculos para alcanzar las metas buscadas son muchos y de muy diversa naturaleza, pero pueden ser clasificados en tres tipos:

  1. Los obstáculos para diseñar y construir los instrumentos de intervención adecuados,
  2. los obstáculos para formar los sujetos sociales deseosos y capaces de transformar la situación y
  3. los obstáculos (jurídicos, éticos, culturales, etc.) para transformar el campo de acción.

En general, la complejidad de los problemas nacionales supondrá la necesidad de enfrentar obstáculos de los tres tipos, que se reforzarán mutuamente para constituirse en barreras formidables. Cada Pronaii, por lo tanto, requerirá del ingenio y el compromiso correspondientes. Su objetivo será investigar y transformar las causas de los obstáculos que agudizan o impiden la solución de los problemas; quienes participen tendrán que abordar la problemática de manera estrictamente multidimensional e interdisciplinaria, y tomar en consideración los conocimientos teórico-prácticos más avanzados que han generado las humanidades, ciencias y tecnologías en todo el mundo, al tiempo que mantienen un diálogo continuo con la gran diversidad de saberes y experiencias que han reunido las comunidades, los agentes ciudadanos, los funcionarios públicos y los empresarios que desean el bien común y el cuidado de los bienes comunes y públicos del país.

Los Pronaii también serán medios para potenciar las actividades de investigación, docencia y difusión de la cultura, ahora entendidas como una unidad transformadora. Cada proyecto nacional deberá concretarse en experiencias piloto; las cuales ocurrirán en territorios específicos al interior de un estado o conjunto de estados e incluirán instancias de todas las variables (desde locales hasta nacionales) involucradas en la problemática o que juegan un rol relevante en su resolución. Si bien las experiencias serán regionales, los problemas analizados serán de interés nacional, en el sentido de que su causalidad opera, al menos, en el ámbito transregional y que sus resultados darán luz significativa para entender y atender problemáticas similares en otras regiones. Por lo mismo, los equipos de investigación e incidencia también habrán de ocuparse de los obstáculos que enfrente la diseminación activa de sus experiencias y resultados regionales, de tal modo que propongan la manera de generar y sostener las cadenas de transformación necesarias para conducir la energía social generada a lo largo de todos los componentes sociales y todas las regiones relevantes.

En resumen, el Conacyt ahora invita a diseñar proyectos que incluyan saberes y métodos arraigados en la academia, en el gobierno y en la sociedad; que puedan usarse de forma innovadora para desarrollar y difundir nuevos conocimientos e instrumentos teóricos, metodológicos, técnicos, institucionales y organizacionales; que den mayor dimensión a los sujetos sociales con capacidades para la transformación y propicien nuevos campos jurídicos, normativos y culturales. Todo ello deberá ocurrir en un ámbito de respeto, dignidad y participación efectiva de la ciudadanía en la implementación de las propuestas y la resolución de los conflictos; las metas serán revertir las condiciones económicas, sociales, culturales y ambientales agraviantes de los últimos treinta años, y restaurar o construir, en todos estos ámbitos, condiciones más promisorias para las mayorías de nuestro país.